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Hermosillo necesita un alcalde, no un candidato a gobernador

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Por Rodolfo Montes de Oca Mena

En Hermosillo necesitamos un presidente municipal de tiempo completo, que trabaje y esté pendiente de nuestra ciudad las 24 horas del día, los siete días de la semana. No necesitamos un alcalde de medio tiempo y un candidato a gobernador de tiempo completo.

Sin embargo, Antonio Astiazarán Gutiérrez parece tener otras prioridades. Mientras Hermosillo acumula problemas, su presidente municipal acumula kilómetros, fotografías y encuentros políticos por distintos municipios de Sonora. Al parecer, Hermosillo ya le quedó chico, aunque sus problemas le hayan quedado demasiado grandes.

Debo reconocer que escribo estas líneas con una mezcla de profunda tristeza y enorme coraje. Tristeza porque amo a Hermosillo, porque recuerdo aquella ciudad que llegó a ser reconocida por su limpieza, orden y modernidad, que era motivo de orgullo por su infraestructura y desarrollo urbano. Y coraje porque resulta doloroso contemplar su deterioro y que alguien que llegó de fuera de nuestra ciudad, como Antonio Astiazarán, quien nació en Guaymas y también fue alcalde de aquel puerto, encabece una administración bajo la cual, a mi juicio, Hermosillo ha perdido buena parte de aquel esplendor.

No hablo de diferencias partidistas ni de simpatías electorales. Hablo del sentimiento de quienes hemos visto crecer nuestra ciudad y hoy tenemos que verla convertida, en demasiados sectores, en una lamentable caricatura de lo que alguna vez fue.

Basta recorrer sus calles para encontrarnos con baches que merecerían tener nombre propio, cráteres capaces de desaparecer una llanta y colonias donde el pavimento parece una especie en peligro de extinción. A ello se suma el deplorable estado de limpieza de numerosos espacios públicos, parques y jardines. ¿Esta es la ciudad modelo que su presidente municipal pretende ofrecer como carta de presentación para gobernar Sonora?

En materia de seguridad tampoco tenemos motivos para festejar. Ahí está el vergonzoso episodio del pasado 28 de agosto en el Centro de Usos Múltiples, donde sujetos armados realizaron detonaciones e incendiaron un cuadrilátero de box, provocando terror entre los asistentes. Y todo prácticamente frente a la Comandancia Norte de la Policía Municipal. ¡Vaya demostración de vulnerabilidad institucional! Si semejante acontecimiento ocurre frente a una comandancia, ¿qué pueden esperar los ciudadanos de las colonias más apartadas?

Y mientras numerosas familias padecen problemas de abastecimiento de agua, los recibos llegan puntuales y, en no pocos casos, con cobros que los usuarios consideramos desproporcionados. Parece que el agua puede faltar en las tuberías, pero jamás en facturas muchas veces infladas.

Eso sí, para organizar espectáculos y celebraciones multitudinarias, el Ayuntamiento parece tener una capacidad extraordinaria. Maná, El Tri, Miguel Bosé y otros artistas han congregado multitudes en las Fiestas del Pitic. Y apenas el domingo pasado, 11 de octubre, el alcalde encabezó en el Parque Madero un homenaje al cantante Yahir, reconocido como Hermosillense Distinguido, ante más de 3,500 personas.

Nada tengo contra esos artistas, y mucho menos contra Yahir, cuya trayectoria merece reconocimiento. Mi crítica es para quien pudiera imaginar que los aplausos de sus admiradores constituyen un respaldo político para quien entrega el reconocimiento.

Porque hay algo que aparentemente Astiazarán no termina de entender: la gente va a escuchar a Maná, a Miguel Bosé o a El Tri; y el domingo fue a ver a Yahir, no a manifestarle adhesión política al alcalde. Si esos artistas se presentaran sin él, seguramente congregarían multitudes. Pero si Astiazarán se presentara solo, sin cantantes, escenarios ni espectáculos, estoy seguro que apenas reuniría a algunos colaboradores, funcionarios y entusiastas de nómina. No hay que confundir la popularidad de los artistas con la propia.

Y todo esto nos obliga a preguntarnos cuánto cuestan semejantes celebraciones, qué se gasta en publicidad gubernamental y hasta dónde se han confundido las prioridades municipales con las aspiraciones políticas de su presidente. Porque los impuestos de los hermosillenses deben servir para resolver los problemas de Hermosillo, no para alimentar sueños de grandeza.

Pero mi preocupación es todavía mayor. Me inquieta imaginar que Antonio Astiazarán pudiera llegar a la gubernatura y extender a todo Sonora las deficiencias administrativas que hoy advierto en nuestra capital. Sería verdaderamente lamentable que el deterioro urbano, las prioridades equivocadas y la política del espectáculo se propagaran como una metástasis gubernamental por todo el estado.

Y todavía faltaría lo peor. En Sonora conocemos aquella curiosa enfermedad que suele atacar a ciertos gobernadores apenas transcurridos un par de años de su mandato: rodeados de contratistas agradecidos, funcionarios complacientes y aduladores profesionales, terminan convencidos de que México entero reclama sus servicios. De pronto, gobernar Sonora les parece poca cosa y comienzan a imaginarse despachando en Palacio Nacional.

Por eso, si algún día Astiazarán llegara a gobernar Sonora, desde ahora le formularía una petición: por favor, no permita que sus aduladores lo convenzan de que también tiene madera de presidente de la República. Porque una cosa es que los hermosillenses padezcamos el deterioro de nuestra ciudad y otra muy distinta que los sonorenses terminemos financiando una aventura presidencial.

Señor Astiazarán: antes de pretender gobernar Sonora, demuestre que puede gobernar satisfactoriamente Hermosillo. Y no confunda los aplausos de los conciertos con el clamor de una nación que lo necesita.

Porque una cosa es que Sonora tenga problemas y otra, mucho más peligrosa, que sus gobernantes tengan delirios de grandeza financiados con nuestros impuestos.

*Primer Fiscal General de Justicia en la historia de Sonora. Abogado penalista con Maestría en Ciencias Penales por el Instituto Nacional de Ciencias Penales (INACIPE) y doctorando en Ciencias Penales y Política Criminal en la misma institución.